día 3: La penitencia del sacerdote... (cont...)
El lugar donde se esconden huele a incienso y a mentira, allí, cubiertos por sotanas y engalanados con enormes cruces, esperan como cuervos a sus presas.
Simularé arrepentimiento y demandaré confesión e indulgencia a uno de esos hijos de satanás.
La mejor hora sea quizás por la noche, poco antes del cierre del templo de las plegarias.
Nada más cruzar el portal huelo la muerte, es una especie de olor a óxido, a roble, a crematorio. Desde la distancia veo al sacristán, fiel escudero de nuestra presa, guardando los elementos utilizados en el ritual católico.
El sacerdote aparece en la lejanía, parece mantener una breve conversación con el sacristán, como dándole alguna instrucción final. ¡Ese hijo de puta no sabe que hoy será enterrado vivo!
Me siento en uno de esos frios bancos de la iglesia y simulo un momento de reflexión, estos jodidos bancos siempre crujen, además son de lo más incómodos, parecen hechos como para empezar a pagar tus pecados. Como un prólogo al penitente.
Sinceramente lo único a destacar de toda esta mierda es la arquitectura gótica que observo con admiración desde mi privilegiada perspectiva. Obra monumental sin duda, paraje notable como para ser dedicado a actividades tan viles.
Las cúpulas se encuentran a una altura considerable, de ellas cuelgan enormes y recargadas lámparas que se mecen levemente acompasadas. Estatuas de bellos mármoles y pinturas figurativas de santos y escenas bíblicas visten la totalidad de sus paredes laterales. Tapices y vidrieras con representaciones de la vida y calvario de Cristo fomentan mi iconoclastia hasta extremos insospechados.
El lugar donde se esconden huele a incienso y a mentira, allí, cubiertos por sotanas y engalanados con enormes cruces, esperan como cuervos a sus presas.
Simularé arrepentimiento y demandaré confesión e indulgencia a uno de esos hijos de satanás.
La mejor hora sea quizás por la noche, poco antes del cierre del templo de las plegarias.
Nada más cruzar el portal huelo la muerte, es una especie de olor a óxido, a roble, a crematorio. Desde la distancia veo al sacristán, fiel escudero de nuestra presa, guardando los elementos utilizados en el ritual católico.
El sacerdote aparece en la lejanía, parece mantener una breve conversación con el sacristán, como dándole alguna instrucción final. ¡Ese hijo de puta no sabe que hoy será enterrado vivo!
Me siento en uno de esos frios bancos de la iglesia y simulo un momento de reflexión, estos jodidos bancos siempre crujen, además son de lo más incómodos, parecen hechos como para empezar a pagar tus pecados. Como un prólogo al penitente.
Sinceramente lo único a destacar de toda esta mierda es la arquitectura gótica que observo con admiración desde mi privilegiada perspectiva. Obra monumental sin duda, paraje notable como para ser dedicado a actividades tan viles.
Las cúpulas se encuentran a una altura considerable, de ellas cuelgan enormes y recargadas lámparas que se mecen levemente acompasadas. Estatuas de bellos mármoles y pinturas figurativas de santos y escenas bíblicas visten la totalidad de sus paredes laterales. Tapices y vidrieras con representaciones de la vida y calvario de Cristo fomentan mi iconoclastia hasta extremos insospechados.







2 comentarios:
Pasa por mi blog y recoge un par de premios para ti
Premio dardo y blog de oro
felicidades
gracias por los premios. Aunque no soy muy dado a este tipo de reconocimientos, no está de más para fomentar mi ya, de por si, crecida vanidad.
jajajaja
un saludo, el marqués
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